domingo, 13 de enero de 2013

Canal Roya (valle de Tena), Ópera Prima (150 m, 75º) - Joana García Romero





Después de unos cuantos meses tonteando en la roca me pregunta Josu, mi buen amigo y quien me enseñó todo lo que se sobre la escalada: ¿¿quieres probar en el hielo?? Aún hoy se me llena de cosquillas el estómago al recordar tal proposición. No tenía piolets adecuados y no sabía donde poder ir a comprar unos sin que mi economía se resintiera por ello, así que decidí comprarlos a través de una web austríaca que encontré por internet a un precio que todavía hoy me sorprende. El último día laborable después de Navidad, y a un par para fin de año, no quería pensar más en la tontería que había hecho: confiar que en plenas fiestas navideñas podrían llegar desde Austria, nada menos, mi par de gemelos tan deseados. Y allí estaba el cartero con un paquete entre sus manos cuando levanté la cabeza del mostrador. Dos alegrías mayúsculas ese día: la mía por tener algo que deseaba con todo mi corazón, y la del cartero porque nunca había sido recibido con tanto entusiasmo y alborozo. 



Y allí estoy un par de días después, en gran compañía, camino de Canal Roya en busca del hielo. Las sensaciones son indescriptibles, el entorno impresionante y el dolor de tripas de los de no olvidar. 




Ópera Prima, una preciosa cascada de agua que baja de los lagos de Anayet, con sus 150 metros y 75º es una de las más fáciles de la zona y excelente para iniciarse. Cuatro bonitos largos, con reuniones en roca bastante precarias, siendo el último el más intenso, por su inclinación y el más bonito por lo encajonado que está. La vuelta la hacemos por la misma cascada, en dos rápeles, el primero de ellos reforzado con un avalakov. 




Sin duda es una actividad que deja una huella mucho más profunda que la escalada en roca. Más comprometida, exigente, un frío insoportable y doloroso en las manos, acompañado de una tensión mucho más aguda, condiciones que favorecen una atención y concentración absoluta en lo que estás haciendo, sin posibilidad de pensar en otra cosa. No existe nada más en ese momento. La obligación de mantener la mente quieta y concentrada en una acción se traduce en una impresión única. El beneficio empezará a verse un tiempo después, ya que persigo volver a sentir algo parecido en todas mis actividades. La montaña me gusta, pero en invierno mucho más, eso provoca que ande buscando recovecos accesibles que me lleven a la cima de esos montes, tan endemoniadamente fascinantes cuando ha llegado el invierno. 




Cuando llegas a casa, te das cuenta de que nada volverá a ser lo mismo, tus preferencias y prioridades han cambiado... hay algo que el hielo transformó de una manera abrumadora, dándote a entender que, como él, todo es efímero........ nada es eterno.





2 comentarios:

Miren Muñoz dijo...

¡Qué maravilla Joana!, me alegro un montón porque vives con cada actividad que empiezas a realizar. La escalada en hielo me parece preciosa, se ve además que tuvisteis buen tiempo, días de invierno soleados...tocando el hielo...

JOANA dijo...

A mí también me parece preciosa este tipo de escalada. Aunque hace ya un tiempo de ese día, ese fue el inicio de muchos otros que le siguieron luego, cada uno único. No se porqué razón la satisfacción de las actividades en invierno me es más intensa, con ninguna otra he sentido esa euforia.
Un abrazo.