viernes, 21 de marzo de 2014

Valdecebollas (2143 m) - Txaro Iglesias Lareo



2014-03-09. Distancia: 14.40 m. Desnivel positivo: 902 m

El Valdecebollas es el pico más elevado de la Sierra de Hijar, prolongación hacia el este del macizo de Alto Campóo. Cierra por el sur el circo de Brañavieja, haciendo de límite entre Cantabria y Castilla y de divisoria hidrográfica entre las cuencas de los ríos Duero y Ebro.



La carretera que llega hasta el refugio de Golobar está cortada por obras y por nieve. Empezamos a caminar cuatro kilómetros antes de dicho refugio, remontando una ladera hasta el cordal y avanzando hasta alcanzar la cima de Peña Rubia (1937 m). Es la primera cumbre del sector oriental de la Sierra de Híjar, entre el Sestil y Cuesta Labra. La cima se identifica por un gran montón de piedras.










Continuamos por la línea divisoria (Cantabria-Palencia) hasta el Peña Sestil (2063 m), cima bien situada y con excelentes vistas que se eleva en el centro de la sierra de Híjar, en su entronque con la sierra de la Cebollera.


Ya tenemos a la vista el Valdecebollas y hacia él nos dirigimos. Antes de la cima nos encontramos alguna placa de hielo que con crampones no resultó ningún inconveniente cruzar.






La cumbre de Valdecebollas es una plataforma plana en cuyo centro se han erigido varios hitos de piedra alrededor de uno mayor, en el cual se sitúa el vértice geodésico llamado “Torreón”, una torre cilíndrica y escalonada de piedra con una placa, un buzón y un belén. 




Nos acercamos al borde de la plataforma para obtener una inmejorable panorámica de las altas cumbres de la Montaña Palentina, Picos de Europa, la sierra recorrida el día anterior, Tres Mares, Cuchillón y la sierra de Cordel. En la cima de Valdecebollas, se celebra desde 1965 una misa el primer domingo de agosto, organizada por los vecinos de Barruelo y Brañosera. Este pueblo está a 1200 m de altitud y es considerado el ayuntamiento más antiguo de España, al serle concedido en el año 824.




Desandamos el camino hasta el collado Sestil, desde el cual descendemos hacia el refugio de Golobar, que se construyó en la década de los 70, en plena efervescencia del turismo de montaña y nieve. La idea inicial era convertirlo en un parador, pero las obras quedaron paralizadas poco antes de su inauguración.


Desde el refugio nos quedan cuatro kilómetros de carretera cubierta de nieve incómoda para caminar, hasta alcanzar el punto de inicio.

Precioso fin de semana, tanto a nivel de montaña como de compañía.