miércoles, 8 de abril de 2015

Ezkillar (861 m), por un agujero - Mati Sanz Rebato

 Ezkillar tiene su hito y se lo muestra orgulloso a Gorbeia

Segundo intento fallido de una cabeza hueca. La primera vez que lo intenté fue el día de Reyes del 2013. Mis dos hijos estaban fuera de casa, una en Singapur y el otro en San Francisco. No, no somos unos pijos. Los dos estaban trabajando aunque fuese en lugares tan lejanos y tan exóticos. Los dos son constantes y responsables; de ahí que consigan lo que se proponen. Y yo, de ser pija, en vez de en Ezkillar habría estado esquiando, y en vez de en Mañaria, en Aspen (Colorado); sin que nadie se ofenda, porfa. El caso es que para paliar la nostalgia me fui hasta Durangaldea. Había leído lo del agujero, ojal o como quieran llamarlo en la prensa, y quise ver si era factible para una cabeza hueca. 



 Objetivo a la vista

Una vez localizado el sitio vi la cosa lo suficientemente chunga como para no intentarlo sola, y más teniendo mis dos puntales de apoyo a tantos kilómetros de distancia. Pero, ya de estar allí, no me iba a ir con las manos vacías. Seguí la pared de la peña, buscando el mejor terreno posible, mirando repetidamente hacia las alturas para ver si veía algún punto débil en su muralla. Y subiendo, subiendo, me planté casi en la normal a Errialtabaso. Poco antes de llegar a esta subida descubrí, por fin, un tímido pasillo que de forma rápida te pone a medio camino entre Errialtabaso (1011 m) y Eskuagatx (1003 m). 


Bueno, pensé, si no había encontrado el camino durante el ascenso lo encontraría a la bajada. No le iba a dar el gustazo a aquel gigantón rocoso de ganarme la partida. Llegar hasta Kanpantorreta (997 m) desde la visualmente cercana Eskuagatx te lleva su tiempo. Alcanzar el collado de Ezkillar, y la canal de Pagasate que andaba yo buscando, es más fácil. Al fin las cosas iban mejorando y reconocí feliz, aunque un poco chasqueada, lo que queda de la existencia de una placa en homenaje a quien mató el último oso de Bizkaia. 

Pagasate

Bajé por la tiesa y resbaladiza Pagasate, y me sorprendí gratamente al descubrir las dos bellas hayas que enmarcan su entrada (Pago-haya, ate-puerta). Entronqué con el camino que más o menos había utilizado para la subida, de nuevo cerca de la pared rocosa, hasta llegar finalmente a la entrada del parque en la pista que sube desde Mañaria. 

Las dos hayas desde el corredor de Pagasate

Corredor de Pagasate

Los días en enero son muy cortos y cuando alcancé el barrio de Arrueta estaba ya anocheciendo. No me había cruzado con nadie en todo el día y, mira tú por dónde, justo ahora subía por la pista un convoy de 6 jeeps de la benemérita. El quinto de ellos paró a mi altura. El copiloto bajó y también el del vehículo que le precedía y del que iba en cola. 

Me vi de repente cercada con un picoleto de frente y otros dos que nos escoltaban empuñando sus armas largas. El que estaba a mi par me saludó de aquella manera y me preguntó de dónde venía. Perpleja, por parecerme evidente, le contesté que del monte. La muy chorlito, toda entera. Me solicitó la documentación pero yo tenía el DNI en el coche. Me ofrecí a ir en su búsqueda para poder enseñárselo, pero lo desestimó y me pidió que vaciase la mochila. Y allí me puse yo a sacar de cualquier modo mis enseres. Al constatar mi torpeza, palpó lo que quedaba del contenido sin sacarlo y me dijo que podía continuar mi camino.

Debo de tener mucha sangre fría porque no me temblaron ni la voz ni las piernas. Lo único que pensé en aquellos momentos es si tan mala pinta tendría. Mi mala costumbre de no llevar un espejo de mano y mirarme de vez en cuando, ¿verdad, Reineta?

Bueno, después de esta larga introducción, vamos a lo que iba.

El causante de mis quebraderos de cabeza

He vuelto a intentar lo del ojal, como leí que lo definía Luis Alejos en Pyrenaica. Él indicaba que no hay que trepar y no sé qué hago yo aquí subida, cual cabra o mujer araña. Tendrás que venir un día conmigo, Luis, y enseñarme in situ lo que describías; que tal vez me he empeñado en intentarlo por donde no debiera. Total, que he vuelto a darme la vuelta. Lo he intentado por los dos sitios más factibles que he visto y he avanzado hasta donde la sensatez me ha dicho “basta, que sigues sola”.

 Izquierda o derecha

De nuevo he recorrido la base de la muralla pétrea; esta vez no me iba a pasar de largo el corredor de Pagasate, que bien me acordaba de él y de las dos preciosas hayas que forman su elegante puerta de entrada. He alcanzado de nuevo los restos de cemento donde estuvo colocada la placa y visitado la cima. Incluso le he dedicado unos minutos y levantado un pequeño hito en su punto más alto. La vez anterior lo eché de menos y esta vez no iba a dejar pasar la ocasión de engalanarle. Supongo que somos pocos los que nos aventuramos por estos parajes tan solitarios. 

Untzillaitx, Udalaitz, La Dama y el mágico Anboto desde el neonato hito


Kanpantorreta y Eskuagatx siguiendo la línea de cresta

He llegado al vértice de Kanpantorreta en un plis plas y desde aquí me he liado un tanto. 

Buzón y vértice de Kanpantorreta

Como no llevaba a cuatro patas a ninguno -que mira que les he hecho sufrir cuando les he traído por estas rocas cortantes como cuchillos- tampoco me he desesperado y he avanzado como mejor me permite mi mala orientación. En menosprecio de la cúspide del macizo, me he concedido el honor de conquistar una cota sin nombre (1006 m). Desde esta se divisa perfectamente Eskuagatx y hacia allí me he dirigido. He reconocido de nuevo el tieso pasillo por el que subí aquel curioso día de Reyes de hace dos años, solo que ahora en vez de subirlo lo he bajado.

La aparentemente cercana Eskuagatx y Gorbeia

Vértice de Kanpantorreta. A su izquierda, corredor de Pagasate y Ezkillar.

Eskuagatx y Gorbeia

La cómoda y aburrida pista de acceso (PR-BI 83) que se coge, entre otros lugares, en Mañaria, me da la bienvenida. He descartado bajar por el primer ramal que me he encontrado y que conduce hasta el pueblo por tratarse de una pista gris, casi, casi, asfaltada. He preferido coger la segunda opción que, pasando por la ermita de Aita Kurutzekoa, acaba igualmente en el punto de inicio y final de mi andadura. Aunque las dos forman parte del PR-BI 84, esta es verde y más entretenida. 

Acceso rápido visto desde  la parte cimera

 El mismo rápido acceso desde la pista (PR-BI 83)

Veo un mugarri al que le tenía ganas pero me vuelvo a perder una supuesta fuente que quieren poner en valor los responsables del PN de Urkiola por consejo de uno de los técnicos de senderos de la BMF-FVM. 


Mugarri en el PR-BI 84

Pasada la ermita me he encontrado con la única persona que vería durante toda la jornada. Me hace preguntas e imparto docencia. Menos mal que, aparte de cabeza hueca, con tantas horas como dedico al monte algo he aprendido y disfruto transmitiéndolo. ¡De qué si no iba a escribir yo estas chapas por el inexistente sueldo que me pagan! ¡La muy pija!

Aita Kurutzekoa

El corredor de Pagasate desde un punto cercano a Aita Kurutzekoa

Mañaria y sus canteras desde Ezkillar