jueves, 9 de mayo de 2013

Parque Nacional de Gayasan (Corea del Sur) - Teresa Canet Algara


Cimas del Gayasan desde Haeinsa Temple

¿Trekking en Corea del Sur? Por qué no. Los inviernos son secos y muy fríos, los veranos calurosos y húmedos pero en marzo apenas llueve y las temperaturas son suaves, ideal para el senderismo. El único punto negativo es que los árboles no tienen aún hojas y el paisaje está un poco apagado, quizás esté más bonito en otoño. 


En general el acceso a los parques es sencillo, se puede llegar en tren, en autobús e incluso en metro desde Seúl y Busan. Esto facilita la práctica del senderismo a los coreanos. En los transportes públicos, incluso entre semana, es habitual ver a muchos montañeros de todas las edades, bien equipados, que se dirigen a las montañas. ¡Vaya afición! Existen dos curiosos complementos habituales en los coreanos: una gran visera para que no les dé ni un rayo de sol en la cara (excesivamente grande para las mujeres) y una ligera sillita plegable para sentarse a descansar durante el camino o en la cima. El avituallamiento normal para la travesía es sushi y boles de pasta deshidratada que preparan con el agua de un termo. ¡Qué diferentes somos!


Acceso al Sangwangbong

Gayasan es uno de los parques más pequeños, y menos conocido que los famosos Seoraksan, Jirisan o Bukhansan. Se accede en autobús desde Daegu, en el centro del país. Sus cimas más altas son Sangwangbong (1,430 m) y Chilbulbong (1,433 m), apenas a cinco minutos de una a otra. Elegimos Gayasan porque allí se encuentra el importante templo budista Haeinsa, donde pernoctamos en una de sus “celdas”, durmiendo en unas colchonetas. Compartimos las comidas en silencio total con sus monjes y observamos sus vistosas ceremonias budistas al anochecer y antes de amanecer, toda una experiencia.

Gayasan

Desde el templo empiezan las rutas a las rocosas cimas. En apenas dos horas y media se alcanza la primera cima, en hacer la ruta completa se tarda unas 4 horas y media. En los parques coreanos todo está perfectamente señalizado. En la entrada hay un gran mapa con todas las rutas posibles, desniveles y tiempos, incluso se indican las calorías que se consumirán en cada uno de los tramos de la ruta. Es imposible perderse, continuamente hay postes que indican las distancias al punto de partida y a la cima junto con el número de teléfono de emergencia. También hay carteles que aconsejan descansar cada hora de caminata y otros que avisan del peligro de incendio o de caída. Aunque todo esto hace que el paisaje sea menos “salvaje”, me hacía sonreír (salvo los dibujos y los números, todos los textos eran indescifrables).

Carteles informativos y balizas de emergencia

Distancias, tiempos y calorias

La primera parte del camino transcurre por una senda entre pinos y pelados árboles. Vemos las rocosas cimas a lo lejos y me costaba creer que pudiéramos subir a esas grandes rocas sin usar cuerdas. Pero las referencias que teníamos decían que se trataba de una ruta fácil. Y tan fácil, cuando el ascenso empezó a complicarse empezaron a aparecer barandillas, cuerdas fijas e incluso camufladas escaleras metálicas en los tramos más complicados.

Desde la cima del Chilbulbong

Estatua de Buda de camino a la cima

Así es la filosofía coreana: las montañas son de todos por lo que hay que facilitar el acceso a ellas y minimizar el riesgo de accidente. Y el que quiera más dificultad que acceda a la cima sin utilizarlas.