jueves, 9 de enero de 2014

Pequeños placeres - Miren Muñoz Trigo




Noto el aire fresco en la cara mientras camino por cualquier bosque, escuchando únicamente mis pasos sobre la alfombra de hojas caídas, y el viento moviendo las ramas de los árboles. Avanzo sintiendo los latidos del corazón. Arriba, las pocas hojas que quedan en los árboles de vez en cuando dejan pasar los rayos de sol, formando un bonito dibujo junto a la sombra en el suelo. Varios pájaros acompañan los sonidos que poco a poco voy haciendo míos, mientras la mente divaga y el cuerpo se llena más de vida.




…A continuación reposo la vista en cualquier prado…Uno cualquiera, con sus ovejas, vacas o caballos pastando cualquier día de primavera o verano. Camino por la hierba notando ese olor a naturaleza viva, madera y flores. Un pequeño pueblo con su diminuta iglesia se distingue a lo lejos. Oyes las campanas mientras te acercas poco a poco y respiras sus calles.


Hoy es un día de lluvia. Desde el centro de estas cuatro paredes, a través de una lejana ventana observo el tejado del pabellón de enfrente mojado. Se reflejan en él las nubes oscuras. Ya queda muy poco para salir de aquí. Me imagino el olor a hierba húmeda y a humo de chimenea y deseo respirar el invierno ahí, afuera… 


Sueños que no cuesta nada hacerlos realidad. Paisajes queridos y sentidos, tan cercanos…
Hoy no subo montañas, me quedo en sus valles.