jueves, 16 de enero de 2014

Adviento en el Tirol - Mariu Eguzkiza Arroyo



La palabra eterna se escucha sólo en el silencio

Hay personas que pasan rozando por nuestra existencia, sin llegar a chocar con nosotros. Sin embargo su estela nos abraza de tal manera que es difícil salir del remolino que provocan. Esa sensación va desapareciendo poco a poco, sin dejar esa profunda herida que nos podría suponer la pérdida de un ser querido. Las perdemos casi a la vez que las encontramos.

Estos últimos años, cuando mis inquietudes me hacen volar hacia esos valles perdidos de los Alpes, he priorizado lo humano a lo deportivo. En esa escuela de experiencias que se ha desarrollado en mundos rurales es donde he tenido el placer de conocer a varias mujeres, las cuales con su sencilla manera de ser me han dejado una profunda huella difícil de borrar.

Sería largo hablar de cada una de ellas. Son mujeres fuertes, que nacieron y dedicaron su vida a los demás. El mundo rural no es diferente aquí en el Pais Vasco, que en Marruecos, en el Norte de Europa o en Sudamérica. Y la gente del mundo rural se parece. 

Mujeres que no han salido de sus pequeños pueblos, habiéndose dedicado toda su vida a cuidar de su prole, de su casa, donde comparten la vida los ancianos, los jóvenes, los niños y los animales. Y además, cuidan de nosotros. 

Este mes de Diciembre, con la excusa de hacer esquí de travesia por las montañas del Zillertal, hemos viajado al Tirol. Nuestro alojamiento estaba en una granja cerca de Zell am Ziller. Nos gusta esta forma de compartir el comedor con otras personas y a la vez conversar con la gente de la casa. Normalmente, son casas grandes, con una antigüedad de varios siglos, a las que se las añadido un adosado de madera donde están los animales. La casa, ha asumido con naturalidad, el olor dulzón de los establos. Y allí nos hemos sentido como en nuestra propia casa. 

La puerta está abierta. Entramos y nos acoge el aroma típico de la cuadra. Elisabeth, nuestra anfitriona, nos recibe con una sonrisa y un poco preocupada, nos pregunta en qué idioma hablamos. Respira aliviada cuando nos hacemos entender en alemán, y ya relajada, nos cuenta la historia de su antigua casa, de su familia y de los animales que poseen. En su Bauernhof, hay 50 vacas, algunos cerdos, gallinas y cabras. Se preocupa cuando le decimos que vamos a hacer Skitouren. Nos pregunta si iremos seguros, que la montaña es peligrosa. No estará tranquila mientras no nos vea llegar cada tarde a casa. Es madre de 5 hijos. Abuela de 9 nietos. Y sabe que nosotros también debemos cuidar de los nuestros. 

Durante 6 días, vamos coleccionando cumbres con sus grandes cruces, ya que el arraigo religioso es muy grande en esta zona. Durante las tardes, buscamos mercados de Adviento y disfrutamos tomando Gluckwein, o vino caliente especiado, con ese característico olor a canela, mientras escuchamos música navideña interpretada por bandas locales. En Mayrhofen, los niños de la escuela, haciendo frente al frío de la noche, escenifican el nacimiento de Jesus, y después de calentarse junto a los fuegos que han colocado junto a los bancos, cantan ayudados por la profesora, creando momentos mágicos entre las luces de hogueras, y la nieve que cruje bajo nuestros pies.

De vuelta a casa, nos adentramos entre las grandes murallas del Karwendel y el Rofan, admirando el mayor lago de montaña del Tirol, también llamado el fiordo de los Alpes: El Achensee.

 
 Primer día. Ascendemos hacia la cumbre
de Sonntagsköpfl (2244 m)
 
En la cumbre,
con la cruz del Sonntagsköpfl
 
  Descanso en un Alm
 
Marchkopf (2499 m)
 
Arista cimera del Marchkopf 
 
Schlegeissteicher y Hochfeiler.
Grandes montañas y sombríos valles del Hochzillertal 
 
Monumento a la paz en el Kleine Gilfer (2388 m)
 
Al fondo el valle del Inn y el Karwendel Gebirge
 
Un poco de pista
 
 Los desayunos de Elisabeth..... Sin palabras.