viernes, 8 de julio de 2016

A ze parea! Karakola eta barea! De Bakio a San Juan de Gaztelugatxe - Hamlet

Bakio a través de Atxulo 






Lara me avisa dos semanas antes. “He cambiado la clase del jueves 23 para poder ir a San Juan de Gaztelugatxe”. Ella sabe que nunca pincha en hueso y que solo le hace falta decir “ven” para que yo lo deje todo.



Monedas en la primera estación del Vía Crucis

Jueves, día 23. Niebla; día chungo. Los alrededores de San Juan están prácticamente vacíos. Lara echa de menos los puestillos de venta de rosquillas, verduras y otros productos. Que más que a San Juan venera a lo que conlleva. Insinúo entre sonrisas que nos hemos confundido de día. Y en estas cae la Reineta que no es la víspera, sino el día, lo que a ella le interesa. Pues sí, efectivamente; entonces no hay más que decir: nos hemos equivocado de día.
 
Huella de San Juan en la explanada de la ermita
Volviendo de San Juan camino del mirador

Mientras recorremos el conocido camino, parezco el perro Pulgoso riéndome entre dientes. No lo puedo evitar; lo siento, pero tiene su punto la cosa. Llegamos a la primera estación del vía crucis. Las monedas depositadas están roñosas por el ambiente salino. Pisamos sobre la huella de San Juan al comenzar los escalones y después sobre la última, alcanzado ya el rellano donde se ubica la ermita. Hay suerte y está abierta. Lara cumple con el ritual de tañer la campana por tres veces. Ella es así de folclórica. Pasamos un buen rato recordando otros san juanes de años anteriores y emprendemos el camino de regreso. Nos desviamos hasta el mirador para admirar las vistas y una vez en la zona “hostelera” nos planteamos hacer de exploradoras.

En el mirador
Llegamos así a Kastillo (175 m), ¡con taco geodésico y todo! ¡Cachis la mar! ¡Y yo sin el GPS! Pues nada, no me va a quedar otro remedio que volver mañana, bromeo con la Reineta. Han limpiado algo el lugar y han dejado el juguetito al descubierto. Las vistas desde aquí son apabullantes.
 
Kastillo (175 m) desde la ermita de San Juan de Gaztelugatxe
Y como soy mujer de palabra, si no al día siguiente, sí que voy un par de días más tarde GPS en mano. Aparco en el mismo Bakio y avanzo por la pequeña carretera de uso vecinal que sube hasta los aparcamientos de la zona turística.
 
Paraje de Oiaga
La primera sorpresa no se hace esperar mucho. Nada más pasar el cierre de la depuradora de aguas, en el paraje de Oiaga, me encuentro una cruz de piedra desmochada y un vértice geodésico. Esto promete, me animo yo sola. Sigo avanzando y unos pitones rocosos llaman inevitablemente mi atención. Subo al primero de ellos e intento hacer lo propio con el que está justo en la vertical al mar. Voy en sandalias y el tipo de terreno y la cordura me dicen que lo deje para otro día. Hay un senderillo que bordea el abismo que tengo delante y que recorro para seguir avanzando hacia el que es el objetivo del día. Y, lo que son las cosas, a veces solo hace falta coger un poco de perspectiva para ver con claridad cosas que desde cerca ni adivinas. No solo la punta que he intentado subir hace unos minutos se ve desde aquí más factible sino que un precioso zulo me hace guiños para que vuelva. Así que desando el camino y me planto de nuevo en la otra orilla, ahora ya con el recorrido claro.
 
Pitones de Atxulo 
Zona de Atxulo desde la carretera

La testarudez tiene su recompensa. El agujero merece realmente la pena y alcanzar de aquí el pitón rocoso resulta sumamente fácil. Una pena que los pescadores también hayan descubierto cómo llegar hasta aquí. La huella de su paso, en forma de desperdicios, no deja lugar a dudas. Salgo de nuevo a la carretera porque no es fácil avanzar en sandalias y pantalón corto por el borde del acantilado. Trasteo por aquí y por allá; saco mil fotos malas y alguna buena, y llego por fin al preciado punto geodésico. Tomo referencias y, sintiéndome un poco traidora, vuelvo a recorrer el magnífico camino a San Juan de Gaztelugatxe. 


San Juan y Aketz desde Kastillo (175 m)
No lo he podido evitar, Reineta. Al final he vuelto sin ti. Pero sé muy bien que no eres rencorosa. Ya ves que un simple despiste puede ser el comienzo de una pequeña aventura.   

La playa de Bakio en marea baja