sábado, 3 de marzo de 2018

La mejor manera de vencer la tentación es caer en ella (Oscar Wilde). Alto de Retorín.


Alto de Retorín e iglesia de Santa Cecilia (Tarrueza).







Quien haya transitado por la autovía de Castro a Laredo y no se haya fijado en esa montaña de rotunda forma cónica que levante la mano.
Siempre que iba hacia Cantabria me atrapaba su silueta. Había que subirla, me decía. Así que, una vez tomada la decisión, la primera mañana que se me puso a tiro me metí en el coche y me acerqué a saludarla.
Fue tan fácil como llegar hasta Seña, la siempre anunciada y nunca hasta entonces pasada visita. Para más "señas", decir que es una localidad perteneciente al municipio de Limpias, muy cercana a Laredo, y que si el punto de partida es Bilbao, puedes llegar hasta allí por Liendo o por la salida convenientemente anunciada que te decía. Son pocas casas y yo lo encontré silencioso. El único ruido venía de un chaval que jugaba al fútbol con su perra, y eso fue ya a la vuelta de mi pequeño recorrido.


Alto de Retorín desde el túnel que pasa por debajo de la A 8.

La montaña desde Tarrueza.



La montaña se mostró benévola con su nueva admiradora. La densa vegetación de la que presume a primera vista no era tan cerrada como yo creía. Supe después, trasteando en casa, que esta llamativa cota ahora ocupada por el encinar, otrora lo fue por un castro. Y que los artífices de las excavaciones que hicieron salir a la superficie restos de aquella construcción más cercana a la Edad de Bronce que a la del Hierro fueron, ni más ni menos, que los topos. Ahí queda eso. Y como la incursión me llevó menos tiempo y esfuerzo del esperado, decidí prolongarla hasta La Tejera, pequeña tachuela que cuelga hacia Colindres. Alcanzar su achatada cima desde Seña no lleva más de un suspiro, por lo que decidí rodar cuesta abajo atraída por las marismas de Santoña. Me encontré así un inesperado Potongo que, para el que no lo sepa, es un circuito de ciclocross en las faldas de Artxanda y conocí a uno de sus mentores que en ese momento se encontraba acicalándolo con Gala, compañera de raza pitbull. Me dijo que en días festivos aquello estaba muy animado y que recomendaba usar la ancha pista para llegar a la cima y no transitar, como era mi caso, por los recovecos del circuito construido a golpe de azada y pala, a base de palets y listones de madera.

Trampolines artesanos.

Dando forma a un sueño. "Gala" atenta a las explicaciones sobre el diseño del circuito.


 Y así, a lo tonto a lo tonto, llegué a Colindres. Me planté en el Camino de Santiago de la costa, que coincide en ese punto con la Ruta de Carlos I. Admiré la Casa de Valle, casona del siglo XVI de estupenda fachada de sillería, reconvertida a fecha actual en posada. Allí nació D. Pedro del Hoyo, secretario del rey Felipe II. También residió Dª Bárbara de Blomberg, madre de D. Juan de Austria, hijo ilegítimo del emperador Carlos I.
Y como, según dicen, después de tocar fondo lo importante es volver a levantarse, una vez a nivel del mar no me quedó otro remedio que tirar para arriba en busca del coche. Alguien me dijo un día que yo era el espíritu de la contradicción y parece que no iba muy equivocada.

El Puntal de Laredo y las marismas de Santoña.

Montehano y Colindres.

Casa de Valle.



Y para terminar, un haiku* inspirado en esta montañita.

Días cortos. Sol.
Hipnótica montaña
cerca de casa.

*El haiku es un género poético de origen japonés. Los haikus se escriben, según la tradición, en tres versos sin rima, de 5, 7 y 5 sílabas, respectivamente. Suelen hacer referencia a escenas de la naturaleza o de la vida cotidiana, y a menudo incluyen un kigo (palabra o expresión que indica la época del año al que se refiere el poema).

Alto de Retorín desde la iglesia de Santa Cecilia (Tarrueza).

La montaña desde Seña-




2 comentarios:

Robín dijo...

El cielo cae. Grises no binarios. No blancos
no negros. Repeticiones siempre
hacia lo de más arriba. Ilusión alta.

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Si te refieres a la magnífica montañista cónica poblada de Encinar Cantábrico que acompaña a la depresión kárstica de Liendo, soy uno de los que prometió ir un día y no ha cumplido aún. Pero viajo siempre en autobús ecólogo, es más dificil llegar hasta donde las formas llaman.

Pensamiento filosófico corto del día : Cinco es más que tres. Pero no mucho más.

matilde sanz rebato dijo...

El horns de Liendo, esa montaña cónica o piramidal que te llama tanto la atención, es el monte Cogorio. En caso de que decidas pasarte por allí, no dejes de visitar el precioso Arboretum creado junto a la ermita de San Roque, reconvertida en Centro de Interpretación del Bosque.
¡Que lo disfrutes!