miércoles, 31 de mayo de 2017

Cosas que pasan. Refugio Biderdi - Matilde Sanz


El refugio BIDERDI visto desde la subida a Larrentxu.







Los fines de semana de invierno aparcar en mi barrio es misión imposible. En verano, no. Que parece que todos los vecinos tengan casa en el pueblo a la que mudarse. Pero una es de Bilbao y la única cosa mala que tiene ser de Bilbao es que careces de casa de pueblo a la que ir en verano. Aunque, a decir verdad, tampoco es que importe mucho porque precisamente en verano es casi cuando mejor se está en el Botxo.
 
Pues, eso. Que entre los fieles de la iglesia evangelista que parece que todos vengan en coche; los antiguos niños del barrio que ahora, ya mayores, vienen a comer a casa de sus padres; y la ertzaintza que frecuenta el comedor de la benemérita donde se debe comer de fábula, los del barrio nos quedamos sin sitio para dejar los coches.
 
Pero, además, esta vez tocaban cambios en el tráfico rodado para permitir la celebración del Triathlon de la Villa. Así que la que esto escribe a pesar de que es muy protestona, pero también muy afín con los deportistas, decidió utilizar el transporte público para evitarse problemas. Y de todos los posibles destinos que se me ocurrieron, finalmente me decanté por algo tan liviano como ir en tren hasta Arranku para desde allí volver andando hasta casita. El caso es que ese destino de última hora me iba a deparar una agradable sorpresa.
 
La última vez que recorrí el conocido camino de la Fuente del Espino no coincidí con José Miguel, a la sazón impulsor y por ende también obrero del refugio Biderdi, construcción que a partir de ya nos encontraremos en nuestro ir y venir por el famosísimo sendero.




El refugio y la piedra labrada, obra del laudiotarra Kepa.

Agustín en el interior del refugio.

Me preocupó un tanto no coincidir con él porque, además, me pareció que la obra no había avanzado desde una anterior visita. Así que, cuando el sábado pasado me encontré el refugio prácticamente terminado, mi sorpresa fue enorme. Y aunque esta vez tampoco me topé con José Miguel, allí estaba Agustín, dale que te pego. No nos conocíamos, pero al verme tan entusiasmada me animó a pasar adentro. Le expliqué cómo había seguido de cerca la marcha de las obras, el notable acelerón que habían dado desde mi última visita y le di mi sincera enhorabuena por el trabajo. Fue entonces cuando me dijo, orgulloso, que la inauguración del habitáculo iba a ser el siguiente domingo, 28 de mayo, y que estaba invitada. Le aseguré que allí estaría y cumplí con mi palabra.

Celebrando la inauguración.

Agustín y José Miguel.

Nos reunimos un bonito grupo de personas y numerosos cuatro patas. En lo alto del tejado lucía el consabido ramo. Comimos prácticamente de todo (menos de lo que no había, como bien dijo uno de los asistentes). No faltaron las cerezas, recogidas del propio árbol la noche anterior en Arrankudiaga. Luego cantamos acompañados al teclado por Itziar y por un quinteto compuesto de 2 flautas traveseras,  2 txistu y guitarra. Se oyeron irrintziak, uno de ellos salido de la garganta de Manolo quien fue pastor en la zona durante décadas y que cuenta con más de 80 años.

Manolo, el pastor, charlando con José Miguel.

Mucho cuatropatas. En la foto falta el entrañable Lur que preferió permanecer junto a su dueño.

Kepa, cantero de Laudio y creador de la bonita piedra labrada que acompaña al refugio, llegaría más tarde. Y también la EITB, con los integrantes del programa Gailurra.
En fin, una experiencia inolvidable para celebrar el nacimiento de un refugio que va a estar abierto y que vamos a mimar entre todos los montañeros que frecuentamos el entorno.

Enhorabuena, Agustín. Enhorabuena, José Miguel. Zorionak denoi. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Zorixonak!!!