viernes, 2 de septiembre de 2016

Parque Natural de Ponga: Valle Moru y Tiatordos - Ana González



Aún no entiendo porqué cada vez que veíamos alguna publicación o información sobre el Parque Natural de Ponga no se alertaban nuestros sentidos y pasábamos página sin reparar en ellas...y es que todo tiene su momento, supongo... Este verano, compartiendo monte con unos chicos madrileños en Picos de Europa se encienden las alarmas, buscamos información sin perder un minuto y dos semanas después nos plantamos en este magnífico lugar. Curiosamente, hablando con nuestros conocidos prácticamente ninguno lo conocía como Parque Natural, aunque la mayoría de ellos sí conocen muchos de sus picos emblemáticos, como el Peña Ten y el Tiatordos.

Ubicado entre el parque Nacional de Picos de Europa y el Parque Nacional de Redes encontramos el enclave ideal para pasar este fin de semana: Taranes, un pequeño pueblo en el que termina la carretera situado en las estribaciones del Tiatordos y de Peña Taranes. El acceso es increíble, conducimos paralelos al río encajonados entre paredes naturales de roca, casi parece una cueva. Los últimos 3 kilómetros por una carretera estrecha permanentemente acosada por la exuberante vegetación  que no deja prácticamente la entrada de la luz.

Nos alojamos en el hotel rural Llerau, que si ya de por si es un establecimiento encantador, saber que su propietario, Julio, dejando atrás otros lugares, otro vida, buscó refugio en este increíble y solitario paraje y se dedicó durante mas de cinco años a la rehabilitación de esta casa, en solitario, con sus propias manos, aportando todos y cada uno de los pequeños detalles que la adornan, embellecen y tiñen de calidez, es un plus que nosotros apreciamos enormemente. Julio y Sul, su inseparable compañero de viaje en esta aventura, son la esencia de esta casa.

La meteorología no trae un buen pronóstico para el sábado, así que iremos a Valle Moru y para el domingo, que viene un día espectacular, la ruta mas larga, la circular al Tiatordos con cima incluida.
 

TARANES - VALLE MORU - TARANES (21 km, +1311 m, -1311 m, 7 h)

Cuentan  que en tiempos de la Reconquista, tras la batalla de Covadonga huyeron los moros y buscaron refugio en los lugares más recónditos de las montañas asturianas, de ahí el nombre de Valle Moru. También dicen que mucho tiempo atrás este poblado fue habitado por hombres de gran estatura, ojos claros y cabello rubio en el que todos ellos, de gran inteligencia, se dedicaban a las artes y la filosofía. Hoy en día es un pueblo abandonado debido, posiblemente, a la falta de energía eléctrica, agua corriente y de un acceso que comunique esta aldea con otras.

Despertamos y ya desde la cama vemos que el pronóstico no se equivocaba, la niebla cubre todos los picos y gran parte del bosque de haya y encina.


Los vecinos no creen que levante la niebla, incluso temen que el collado de Taranes esté cubierto y no podamos disfrutar de las vistas, pero no nos importa, vamos a continuar con nuestro plan y ya veremos lo que nos depara el día. No hace falta recorrer mucha distancia desde nuestra casa para atravesar prácticamente todo el pueblo.Volvemos la vista atrás y este es el panorama que vemos; nuestra casa la última, al fondo.
 

Cerca de la plaza del pueblo se encuentra el cartel que indica la dirección hacia Valle Moru; ahí mismo comienza una pista cementada con una pendiente muy pronunciada que no se relajará minimamente hasta el collado de Taranes.

Recién iniciada la ruta sube un pastor en un 4x4;  nos invita a subir con él hasta el collado, pero declinamos amablemente su invitación y continuamos.


Aunque las pistas nunca gustan, menos las de cemento, tengo que confesar que prácticamente no la acusamos; la forma en la que la vegetación se come sus orillas y la sensación de estar absolutamente rodeados por naturaleza hacen que nos olvidemos de ella y de la fuerte pendiente.


En el collado de Taranes coincidimos, de nuevo, con el pastor. Ha subido a controlar las vacas y las terneras recién nacidas. Según dice andan lobos por la zona, y no sería la primera vez que matan o hieren alguna de sus reses.


Aquí termina la pista cementada; la humedad de la noche y la lluvia de ayer han convertido la pista en una fina capa  de barro que se adhiere a las zapatillas como una lapa, sumando un par de centímetros a nuestra altura y volviendo nuestro andar en un constante  patinar y en un acuerdo: el primero que caiga paga la primera cerveza.


Cercanos al collado de Llués un último repechito.


Desde el collado, mirando a la derecha levanta la niebla sobre el valle de Ponga y los cordales montañosos de Amieva.


Mirando a la izquierda, el Valle Moru y los cordales de Caso. Casi llegan a apreciarse los picos Cuetón de les Travisese, los Tornos y Maoñu.

Un poquito mas adelante una fuente.


Continuamos por una pista, a veces cementada otras veces de piedra y tierra, según la inclinación del terreno y la bondad del sendero para la circulación de los 4x4, únicos vehículos autorizados en esta ruta.


Parece que poco a poco levanta la niebla, quizás aún tengamos suerte y podamos disfrutar de este paisaje en todo su esplendor.


No tardamos en internarnos en el bosque. El camino desciende bruscamente; ahora mismo se agradece, pero no debemos olvidar que la ruta no es circular y para volver  deberemos deshacer todo el camino andado.
 

Definitivamente el cielo comienza a limpiar y la luz empieza a entrar en las montañas y en los valles.


Continuamos el descenso por el bosque hasta que en una vuelta del camino divisamos por fin el poblado abandonado que alberga aproximadamente una docena de casas y una pequeña iglesia. Se encuentra en un entorno espectacular, pero francamente, viendo lo que estamos tardando, y aun lo que queda, no nos extraña que sus habitantes hayan cedido en favor de la tecnología y la comunicación, en definitiva, en favor de la calidad de vida,....¿o no? . Desde este punto aún debemos continuar el descenso hasta el rio Vallemoro.

Al cruzar el río encontramos esta puerta de acceso.


De nuevo toca ascender hasta llegar a la entrada de Valle Moru. Exceptuando el pastor, todo el camino lo hemos hecho en solitario, ni un alma camina por este sendero.


Cómodas zetas nos dirigen hacia las primeras casas y a una fuente con caudal medio escondida en una especie de cobertizo.
 

Pensábamos que las casas estarían derruidas, sin embargo conservan un aspecto inmejorable, seguramente sus propietarios las mantienen y pasan algunos momentos en ellas.


Llegamos al collado y a la casa mas alta del pueblo.


Ha llegado el momento del descanso y el bocadillo. Desde aquí divisamos el collado del que venimos. Cuando regresemos, después de alcanzar el collado, deberemos llegar casi a la cumbre que aparece a su derecha antes de llegar, de nuevo,  al collado de Llués.


Y otra vez bajar al río y vuelta a subir, ¡esto es un sin vivir, no hay descanso!


Una ruta bonita, muy agradable, y hay tanta vegetación... es una suerte encontrar lugares así, hermosos y solitarios, ¡y además tan cerca de casa!
 

Pero no todo es alegría; en el camino de vuelta nos encontramos de frente una vacada; nos miran y las miramos fijamente, sin saber que hacer, ni ellas ni nosotros, así que avanzamos un poco y provocamos, sin quererlo, que todas las vacas den la vuelta hacia su lugar de procedencia, en el mismo sentido que nuestro caminar. De repente hay un momento en  el que las vacas nos rodean; ya sabemos que parecen mansas, pero cuando mochan, mochan. Nos achantamos y buscamos un hueco en uno de los lados del camino esperando a que se aburran y se vayan, pero no hay forma, así que con un par arrancamos y las adelantamos a todas sin dejar de mirar atrás no sea que alguna se arranque.


Preciosos estos cardos tan característicos de toda esta zona y de Picos de Europa.
 

Ya estamos en el collado de Taranes y en la pista cementada. A nuestra derecha la niebla sigue rondando la montaña pero el valle ha despejado.


Cuando las pendientes son largas y muy pronunciadas es cuando recuerdo que hubo una época en la que prefería bajar en vez de subir, eran otros tiempos...pero un escenario así casi hace que se olvide.


Por fin llegamos al pueblo. La primera parada, en la que llevamos pensando ya un buen rato, es el bar de Cristina. Otra vida digna de escucharse, otra vida que buscó un nuevo rumbo en un momento determinado. Como nos dice ella misma, buscaba un lugar en el que terminara la carretera; cuando encontró este fin de camino no lo pensó dos veces, compro la casa, puso un bar y una par de habitaciones de alquiler. Encontró lo que buscaba. De lo que estoy segura es que con ella llegó un soplo de aire fresco a esta tierra...y seguro que un poco de revolución también.



CIRCULAR DE TIATORDOS (1944 m) DESDE TARANES   (21 KM, +1536 m, -1536, 9 h)

Algunos la conocen como la montaña perfecta; es el Pico más emblemático del cordal de Ponga y un clásico de la montaña asturiana. Su cumbre es una fantástica atalaya desde la que se pueden contemplar valles, bosques, los Picos de Europa,...pero antes de llegar a su cima descubrimos una ruta espectacular llena de sorpresas. Asi es el Tiatordos, sin duda, la montaña perfecta.

Hoy si, despertamos con la luz del sol entrando por la ventana. Viene el día perfecto para nuestra ruta.


Antes de salir Julio nos recomienda modificar la última parte de nuestra ruta, dice que aún con GPS es fácil que nos despitemos y además es bastante engorrosa. Nos dibuja un par de planos que llegado el momento nos sirven de gran ayuda; con esta precisión ¿quien necesita GPS?. (Con mucho cariño, Julio. ¡Y gracias!).


Esta es la vista desde la terraza de casa. Aquí mismo se coge el camino que nos lleva a la Foz de la Escalada.


Según salimos tomamos el sendero de la derecha; desde aquí solo tenemos que seguir las marcas.


Poco a poco vamos superando el pueblo, lo que nos da una visión mas completa del entorno que lo rodea.


No importa a donde miremos, es un regalo para la vista.


Hace calor, pero de momento el camino es fresco y sombrío.


Sin tardar mucho vamos entrando en la foz de la Escalada. Oímos  el agua del río, sin embargo, cuando caminamos paralelos a él vemos que en muchos tramos no lleva prácticamente agua. Los pájaros trinan sin descanso.


No hay miedo a perderse, el camino está perfectamente señalizado, aunque a veces hay que estar atento porque la vegetación puede ocultar las marcas.


Giramos la vista atrás; lástima de sol, luce con tanta fuerza que ha quemado las fotos.


El camino de la foz es una antiquísima calzada romana militar de aquellos tiempos de las guerras cántabras. Hoy en día, con tantas piedras de la calzada desgastadas por el uso, resulta bastante incómoda, hay que ir con cuidado.


Desde que hemos entrado en la foz no hemos tenido descanso; la pendiente es muy fuerte y constante.


El camino nos conduce al bosque de la Bufona, lo vamos a agradecer, la temperatura sube por momentos.


La lluvia y la humedad de los últimos días ha convertido el sendero, en las zonas más sombrías, en grandes barrizales; hay que andar con cuidado, pero siempre encontramos algún rincón alternativo en el que apoyar el pie sin meterlo en los charcos. Imagino que en días de lluvia este sendero tiene que volverse casi impracticable. Pero hoy, en general, salvo algunas excepciones, el camino es cómodo y está en buen estado.


No creo que el bosque nos vaya a durar mucho, vamos viendo claros que anuncian su fin, y con él la calorina.


Cuando giremos a la izquierda, un pequeño tramo sombrío y como ya intuíamos alcanzamos el collado.
 

Pero justo antes de girar, se abre el bosque , ¡que maravilla!.


Imaginamos que el Tiatordos será alguno de estos montes que vemos a la izquierda, pero aún estamos expectantes.


Es llegar al collado y los colores del los lirios salpican las campas. Vemos muchos de estos bichillos rojos y negros que parecen los primos pequeños de las mariposas; nunca los había visto.


Parece que en esta zona pasta el ganado, el sendero está completamente minado, hay estiércol por todas partes; también tábanos rabiosos que nos están acribillando; menos mal que existe el after-bite.


Seguimos mirando los montes; creemos que nuestro objetivo es el de la derecha, ya veremos.


Hemos llegado a una majada; las bordas están en ruinas.


Tenemos que alcanzar el sendero que asciende, primero cruzamos un arroyo. Pero cuando hemos ascendido medio sendero el GPS nos desvía hacía la izquierda.


Desde aquí vemos las nubes retenidas por las montañas de los Picos de Europa, espero que queden allí y no nos estropeen el día.


Nos adentramos en un sendero custodiado por helechos y escobas; en el ambiente flota un perfume dulce.


Oímos voces por primera vez en la mañana; ascendemos, cruzamos la elegante puerta de entrada a la base de nuestra montaña y nos encontramos con un trío asturiano que hablan asturiano cerrado, cerrado.



Desde aquí vemos el sendero y también 2 o 3 personas a media altura  que ascienden el monte. Es el último repecho del día,...bueno, eso es lo que creemos,...


Aunque no se aprecia, un helicóptero de rescate da vueltas constantemente por esta zona; parece que buscan algo; tras un rato observándole (y de paso, tomando aire), continuamos.


El sendero es cómodo, sin ninguna complicación.


Ya vemos la cumbre; a su izquierda se va abriendo el telón que va a dar paso al espectáculo.


En la cumbre un piolet con una placa colocada hace mas de 25 años, que recuerda a los montañeros que perdieron su vida en misión de exploración o de rescate en estas montañas .


La prueba del delito. Poco despues llega el asturiano y nos dice: ¿nongoa zarete?. Flipamos, claro. Nos cuenta que le encanta nuestro idioma y que lo aprende por su cuenta. ¡Qué cosas!


Desde aqui vemos perfectamente el macizo occidental de los Picos de Europa con su cumbre más elevada, Peña Santa.


Preciosas vistas.



Picamos algo y continuamos, aun nos queda jornada. Vamos a descender hasta la base.


Cactus y lirios  adornan gran parte del camino.


Estamos casi abajo. Cuando descendamos completamente giraremos a la izquierda para empezar a bordear la montaña.


El descenso lo vamos a hacer por Brañadosu y Collada Furada; quien tenga intención de hacerlo debe saber que el terreno es mas abrupto y se sigue difícilmente. En algunas zonas el terreno está completamente invadido por vegetación, fundamentalmente brezo, escobas y helechos que borran el sendero; diría que sin GPS es prácticamente imposible seguir el camino, al menos en esta época del año en la que el camino no se ve. Las marcas desaparecieron una vez que descendimos el Tiatordos.


Pero antes de llegar a esta zona tan complicada reponemos fuerzas y nos refrescamos, el caudal es débil pero con un poco de paciencia es suficiente.


El terreno aun es cómodo y visible; las vacas pastan y las vistas espectaculares.


Llegados a este punto tenemos que descender; de frente se ve un sendero que sube incansable, pero no es el nuestro; cuando estemos abajo giraremos a la derecha y nos internaremos en el bosque.


Y enseguida entramos en las escobas y el brezo que no van a dejarnos un centímetro de piel sin arañazos y marcas.


Hay un momento en el que perdemos el camino; el GPS nos indica la dirección y hacemos campo a través entre toda esta vegetación. Insisto, la ruta merece la pena, pero hay que pensárselo dos veces si la vegetación está tan alta.


Nos reencontramos con el camino, parece que empieza a tener buen aspecto. El día está despejado y posiblemente podremos ver el circo del Tiatordos; estamos animados.


Aunque no se aprecia muy bien , un poquito a la derecha del árbol, una formación rocosa conocida como el  "Fuso la Muyer".


Volvemos a seguir las indicaciones del GPS, no hay camino, la hierba nos llega a las caderas.


Entramos en un bosque de haya; pensamos que a partir de ahora será descender por él; nada mas lejos de la realidad. Cruzamos rápidamente el bosque y llegamos a la falda de una montaña, inclinada, con helechos que solo dejan a la vista nuestras cabezas, menos mal que no somos bajitos.


Dejamos los helechos y volvemos a caminar entre hierba alta. Lo cierto es que teniendo que prestar tanta atención a nuestros pies para colocarlos en lugares seguros nos estamos perdiendo el paisaje; al menos veremos el circo...


Pero la nube entra y los helechos vuelven a cubrirnos; hemos visto una víbora y la verdad, que empieza a darnos un poco de mal rollo, se va haciendo tarde y se está poniendo feo.


He guardado la cámara, ya lo dicen:"sopas y sorber no puede ser" y hay que estar a lo que hay que estar. No hemos podido ver el circo. Hemos seguido las indicaciones de Julio buscando la pista, indicaciones que hemos seguido a rajatabla. Oímos la carretera, comienza a despejar, demasiado tarde para ver el circo del Tiatordos. Nos quedamos con pena, dicen que es impresionante. Para otra vez quedará.


Son casi las 7 de la tarde. Al salir a la carretera hacemos dedo y nos para una pareja sevillana; quieren comprar una casa en Taranes e instalarse pronto. ¿de que van a vivir? Aún no lo saben; lo que si saben es que necesitan dar un giro a su vida y que este es el entorno idel para hacerlo.

Llegamos a casa agotados; lo primero una buena cerveza en compañía de Julio y Sul. Lo segundo una buena ducha e inmediatamente después comienza la operación "antigarrapatas"; unas cuantas se nos han pegado al cuerpo; ¿como es posible que alguna haya llegado al ombligo?. Durante varios días nos durará la paranoia y estaremos a punto de quitarnos alguna que otra peca.

Para acabar el día, después de la cena, vamos al bar de Cristina; un chupito y buena conversación. Cuál será nuestra sorpresa  cuando aparece con un número de la revista Pyrenaica en la que Luisa, su Directora, escribe sobre esta maravillosa zona. Un artículo muy recomendable, igual que los de Iñigo Jaúregui.

 
Y poco mas, porque poco mas tiempo tenemos. Lo que si sabemos es que volveremos,...y pronto. Esta gente y este paisaje nos han atrapado.