sábado, 29 de agosto de 2015

Camino del Norte (Fiordos noruegos): el viaje en sí mismo o la doble geometría del paisaje - Esther Merino


Púlpito o Preikestolen, mirador de miradores de 600 m de altura

Contemplar las montañas también es amarlas…
Los montañeros más puristas de furgoneta y mosquetón en cintura no darían por válido un viaje de crucero para ver naturaleza imposible…Tratándose de los bellos fiordos noruegos nos quedaremos en primera fila de cubierta envueltos por un paraíso montañoso difícil de imaginar: son más bonitos que en los folletos y se sienten…!! 



Skjolden…puerta de entrada al Parque Nacional de Jotunheimen
y con vistas a Sognefjorden o fiordo de los sueños.
“Viento del norte que hiela mi cara…”

20 de julio de 2015 hoy toca mirar por primera vez…!!, qué regalo nos da la naturaleza… No es un viaje contemplativo…es agotador ver tanta naturaleza 360 º en proa, popa, babor y estribor…el té de menta entre las manos con el softshell bien abrigaditos en la proa del barco mientras España pasa una ola de calor de 40º.

Uno de los días de trekking era desde Stavanger, el más esperado por los montañeros, bastones en mano subimos el Púlpito o Preikestolen y los trolls nos enviaron niebla envolvente…y centenares de turistas, el lugar más visitado de Noruega…con ventana al fiordo Lysefjord , el fiordo de la Luz, una maravilla para nuestros ojos.

Asomada desde el Púlpito o Preikestolen,
vista tan vertiginosa como espectacular.

Sí, “Noruega no es un lugar, es un sentimiento…” Norway spirit, frilutsliv: vida al aire libre, contacto con la naturaleza. Hacerlo por ti mismo, no para mostrar al mundo lo que has hecho…”No lo sabes, si no has estado, no lo sabes…”es cierto, el paisaje noruego no cabe en la fotografía…se escapa por dimensión, se desborda.

Tenía curiosidad por esa luz del norte, uno de los lugares más verdes del mundo…Con acierto se dice de Noruega: bella, húmeda y salvaje. Y añadiría: silenciosa, en calma…contemplativa y llena de armonía…un lugar donde perderse para los amantes de la fotografía, la montaña o soñadores buscadores de luz…La luz del norte es distinta…los nublados más bonitos están en Noruega…(y eso, que viniendo del País Vasco una ya sabe de nubes y de tristes inviernos largos y grises…)

Olden, viviendo entre espejos.

Noruega roza el fin del mundo… neblina, nieve estival, agua salada, paredes altas, cascadas…cascadas…y casitas imposibles con techos de césped sobre tejados de abedul…aguas espejo duplicando el paisaje caleidoscópico.

No vimos anochecer en esos días eternos de luz…Siete días metidos en una bola de cristal sin sus noches. No le falta nada a Noruega…le sobra luz, frío, humedad y tantas cabañitas rojas como habitantes…montes silenciosos de verde saturado…

Me emocionó ver el glaciar Briskdal, brazo del Glaciar más grande de Noruega, el Jostedal…esa lengua azul que caia…algunos jugaban con los trocitos de hielo que saltaban del glaciar haciéndose fotos…me pareció un sacrilegio tantos millones de años pasando entre las manos de los turistas…y reconozco que yo también acaricié una bola de hielo…me sentí un poco dinosauria…(Me acordaba de nuestra querida Ordesa hace miles de años con su lengua de glaciar desplazándose y escabando la pradera…sentí nostalgia del Monte Perdido).
Glaciar Briskdal en Stryn.

Los días pasaban entre preciosas ciudades como Bergen, Alesund y Trhondheim y visitas a montañas con miradores sobre Geirangerfjord desde el monte Dalsnibba y Flydalsjuvet con impresionantes vistas sobre el fiordo.

Monte Dalsnibba 1.476 m, al fondo nuestro barco nos espera para seguir este viaje.

La bonita Alesund con arquitectura de Art Nouveau rodeada de islotes y montañas desde el Monte Aksla.

El día que salimos de Geiranger por el fiordo Geirangerfjord de aguas profundas y cristalinas protegido por la Unesco, todos nos subimos a la planta 10 del barco para mirar a las Siete Hermanas y el Pretendiente, unas bonitas cascadas a ambos lados del fiordo…eran las 20,00 h y pensamos que quizá no las veríamos tan hermosas como en las fotos de información turística. Pero ahí estaban, bellas y dignas…las contemplamos en todo su explendor y sí, satisfechos...

 Las Siete Hermanas en el fiordo Geirangerfjord

Bergen, ciudad imprescindible en nuestro viaje a Noruega, con su pintoresco puerto medieval Bryggen de la Liga Hanseática, Mercado de pescado para probar ballena y carne de reno, subir al monte Floyen…

 ¿Qué me llevo de Noruega?, sus paisajes montañosos, se dejan querer, excesivos en todo…y sus atardeceres en la cubierta nº 6 con ese tímido sol estival, viento del norte que sopla con fuerza…y el silencio mientras los fiordos abren sus brazos y te sientes tan pequeñita…Mar y montañas una combinación muy estimulante. Ir en barco es la mejor forma de acceder a este país sin autopistas y con carreteras de montañas dañadas por los desprendimientos de tierra por las lluvias. Hay que ir con tiempo y paciencia, el sol sale poco y hay que estar preparado para cuando nos visite…y un cuaderno de pinturas de colores donde el verde sea el protagonista…como escribe Angeles Caso “Tantos verdes diferentes, verde manzana, verde bosque, y musgo, y helecho, y oliva, y veronés, y hasta jade. Verdes gritones, que parecen lanzarse contra el cielo y exhibir su fuerza, y verdes lentos, reptantes, como si buscaran un cobijo para salvaguardarse…”.