sábado, 16 de noviembre de 2019

Araba con magia - Esther Merino


Cuando llegan las nieves a la Llanada Alavesa más oriental, los dólmenes se llenan de misterio y magia, y avivan la imaginación sobre tiempos pasados de brujas y gigantes, de seres fantásticos que dan un sentido al mundo rural y a la naturaleza que los rodea. A primeras horas de la mañana aún no ha pasado el quitanieves por las carreteras comarcales y nos acercamos hacia la Cuadrilla de Salvatierra y sus pueblos con historias de peregrinaje y leyendas, bajo la Sierra de Entzia, esta vez blancos y silenciosos. Vamos hacia el puerto de Opakua, al pueblo de Arrizala/Arrizabalaga, donde se encuentra el Dolmen Sorginetxe entre unas parcelarias, uno de los más fotogénicos de Euskadi y fue excavado en 1890. El coche se queda aparcado en una cuneta y avanzamos entre la nieve hasta este caprichoso monumento neolítico de unos 4000 años de antiguedad llamado “casa de brujas” (sorgin-etxe). Es fácil imaginar akelarres, seres demoníacos entre hogueras y hechizos.



Es bello en cualquier estación o momento del día, esta vez la nieve resalta su robustez y firmeza. Volvemos sobre nuestras huellas hacia el coche que se ha quedado bastante alejado y vamos al Dolmen de Aizkomendi, otro magnífico ejemplar del nordeste de Araba, el más grande de Euskadi. 
En 7 km llegamos al pequeño pueblo de Eguilaz y nos acercarnos entre la nieve. Es el primero que se descubrió y excavó en Araba (1830-31). La palabra dolmen significa en bretón ‘mesa de piedra’.


Las losas enormes de piedra conforman este panteón prehistórico. Al acercarse notas la calma y el misticismo de sociedades arcaicas y poderosas que nos preceden, la serenidad de los monumentos megalíticos milenarios. Al verlo cubierto de nieve impresiona más, como si fuera una cámara del tiempo y éste se haya parado. La Llanada está tan bonita nevada que apetece visitar más rinconcitos, las ruinas de las iglesias siempre han sido mi debilidad y las puertas secretas tapiadas. Nos dirigimos a la iglesia del pueblo de Okariz con los restos de una puerta de piedra tan elegante como solitaria.


Los paisajes son tan distintos con nieve que no me quito de la cabeza las ruinas de la iglesia de Galarreta, su pórtico y campanario derruido. Allí nos dirigimos. A 12 km aparecen las portadas bellas y dignas, de estilos distintos. Se nota la importancia de este pueblo, por donde pasaba el Camino de Postas que se dirigía hacia Francia (s. XV-XVII).


Parece que vuelve la borrasca pero, antes de regresar a Vitoria, hay una visita obligada al Castillo de los Gebara. Como hay mucha nieve y nos pilla sin raquetas, es más fácil acercarse a las ruinas del Palacio que está más abajo y que nos dejará satisfechos. El pueblo está en cuesta y seguimos el camino a pie.


La nieve lo hace más nostálgico todavía.


Nos metemos por sus rincones antes de que vuelva a caer la nieve. Llevamos muchas imágenes colmadas de misterios y vamos volviendo. Las carreteras se van cerrando pero otra parada más hacia la basílica románica de San Prudencio de Armentia, tan visitada por todos los alaveses, y unas fotos con nieve son un privilegio. Con ábside y canecillos del siglo XII y en la encrucijada del Camino de Santiago, de la antigua calzada romana Astorga-Burdeos.


Así acaba esta bonita y cómoda vuelta por los rincones de Araba mágica y nevada.


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