sábado, 27 de octubre de 2018

New York: alternativa a un día de compras. Hudson Highlands State Park - Matilde Sanz.

El primero de los miradores naturales que se van sucediendo durante la subida. El Storm King al otro lado del Hudson.


Si a ti tampoco te mola eso de ir de compras, te propongo una pequeña escapada montaraz en el mismísimo estado de New York.

A poco más de hora y cuarto de tren, aguas arriba del río Hudson, se encuentra el Hudson Highlands State Park. El tren que te acerca hasta allí sale de la grandiosa Central Station cada hora, a todas las y 43. Si vas entre semana, tendrás que bajarte en el recoleto Cold Spring, lo que supone sumar 2.25 millas (algo más de tres kilómetros y medio) a si haces la excursión en fin de semana, cuando el tren para en la estación apeadero de Breakneck Ridge.


NYC Central Station.

Crónica de nuestra excursión.

Nos acercamos a la ventanilla correspondiente cuando surge el primer obstáculo. Los días laborables el tren no para en el punto de inicio del sendero a Breakneck Ridge. La persona que está al otro lado nos indica que, no obstante, podemos bajarnos en la estación anterior más cercana, que queda a 2.25 millas del punto en cuestión. Pero no queda ahí la cosa. Después de decidir que no nos dejaríamos amilanar por una pequeña pateada de propina, la siguiente nos la dan en la boca: por motivos de seguridad solo se puede usar la tarjeta de crédito una única vez. 

La mala suerte parecía estar de nuestra parte porque solo una de las tarjetas que llevábamos funcionaba; el resto, no hay tutía. Supusimos que era cosa de los imanes de la cartera y probamos suerte también en las máquinas dispensadoras automáticas. Coincidimos allí con uno de los encargados del mantenimiento de las máquinas, quien probó a su vez para conseguir finalmente el mismo resultado: no había manera. El caso es que no teníamos prácticamente efectivo/cash y ninguna gana de pagar comisión a cualquier maldito banco. Así que, cuando ya creíamos que nuestro gozo se quedaría en un pozo, resolvimos pagar lo máximo autorizado con la única tarjeta que funcionaba (50 dólares) y lo que faltaba con los pocos dólares que nos quedaban.  

A todo esto ya habíamos perdido el tren que pensábamos coger y nos dedicamos a deambular por la estación y alrededores para hacer tiempo. Cercana ya la hora de coger el convoy, nos dirigimos al andén y, para nuestra sorpresa, nos encontramos allí esperándonos al de mantenimiento de las máquinas expendedoras, con dos folios en la mano, en los que había imprimido la forma de llegar desde Cold Spring al inicio del sendero. Un tío majo.

En Cold Spring.

Comienzo de uno de los senderos.

Una vez en Cold Spring, comprobamos que el tramo de carretera que teníamos que recorrer se puede evitar cogiendo senderos abiertos para disminuir el riesgo de atropellos. En todos los puntos de inicio de un sendero existen cajitas con mapas de tamaño cómodo, en papel grueso tipo cartulina, y sin faltarles detalle. Y así empezamos como, según nuestra escasa experiencia por aquellos lares, parece ser que siempre comienzan los senderos en EE UU: con la advertencia de los peligros que te puedes encontrar y la dificultad que le dan al recorrido.

Al elegido en esta ocasión le dan un grado de dificultad alta. Poco a poco fuimos comprobando que, efectivamente, no se trataba de un simple paseo;  las trepadas eran frecuentes y el recorrido resultaba muy entretenido, aunque sin llegar a ser en ningún momento peligroso.

Comienzo del Breakneck Ridge trail.

Terreno rocoso con continuas trepadas.

Trepa que te trepa.

Fuimos alcanzando diversos miradores naturales con grandes vistas al río Hudson. Vimos en la otra orilla al cónico Storm King y, según íbamos cogiendo altura, la isla de Bannerman. Lo que parece un castillo en ruinas, esconde una historia mucho más prosaica. Son los restos del llamativo envoltorio que cubría el arsenal acumulado, y a la venta, por el ambicioso escocés que dio nombre a la isla, llamada también Pollopel. Este último era el nombre del carguero que explotó cerca de la isla y dio la puntilla a los ya por entonces maltrechos muros que allí quedaban. Además del arsenal, el lugar también acoge la que fuera mansión de Bannerman en un estado de ruina ya irrecuperable.

Isla de Bannerman

Zoom a la isla de Bannerman

Durante la caminata se van uniendo senderos de nombres diferentes que permiten hacer recorridos a la medida del montañero. Nosotras combinamos la subida por el cordal de Breakneck Ridge con el ascenso al Bull Hill (Mt. Taurus). Lara se veía fuerte y quiso regalarme una verdadera cumbre, aunque no tuviese distintivo alguno que la caracterizara como tal. Y eso que era precisamente el día de su cumpleaños y no el mío. Casi se podría asegurar que, si se lleva en mano el mapa que te facilitan y gracias a la buena señalización de las diferentes variantes con sus correspondientes advertencias, es muy difícil despistarse. 

El bosque empezaba a teñirse con los colores del otoño;  las especies dominantes son el roble, el arce y el castaño. Aparte de las escurridizas ardillas el único representante del reino animal que nos encontramos fue en forma de serpiente. Totalmente negra y de considerable tamaño, tomaba el sol plácidamente sobre una roca al borde del camino; tal vez no fuese peligrosa, pero nos pegó un buen susto y el grito que dimos provocó que se pusiese a cubierto, eso sí, con total parsimonia.

En otro de los magníficos miradores; desde este es de donde mejores vistas se tienen sobre la Isla de Bannerman.

Breakneck Ridge desde Bull Hill (Mt. Taurus).

Excursión muy recomendable por las vistas que resultó muy tranquila el día que nosotras estuvimos, pero que en días festivos, según hemos visto en la red, se convierte en un hervidero de personas.

Para ponerle la guinda, nada como darse un tranquilo paseo por la orilla del Hudson a su paso por Cold Spring mientras se espera a que llegue el tren de vuelta a la frenética NYC.


Storm King en la otra orilla del Hudson.


8 comentarios:

Robín dijo...

La vegetación es muy chula. Vista desde la foto del zoom a la isla de Bannerman, se parece al
Encinar Cantábrico, pero hace allí demasiado frío Subir, tal como afirmais
, por el cordal del Break neck Ridge, es subir por una redundancia puesto que Ridge es Cordal, y en este caso Rompecuellos. Excursión chula, y casi al lado de casa, ahora que el alcalde de la muy noble villa que habitamos, acaba de decir que ya tenemos nuestra isla de Manhattan al ladito mismo Hy de Deusto ...

Robín dijo...

Muy noble villa y muy leal, se me olvidaba. Donde está la foto de la culebra ?

matilde sanz rebato dijo...

Algo de inglés ya sabemos, Robin, y conocemos el significado de "ridge"; lo que tú calificas de redundancia es más bien una traducción. Breakneck escrito así, todo junto, quiere decir veloz, vertiginoso; no tiene nada que ver con una nariz rota (aunque si te caes, es posible que te la rompas). Supongo que el nombre le viene de que por esa vía/trail se coge altura de forma muy rápida.
En cuanto a la serpiente, tengo una foto de la mitad final. Entre el susto y que mi cámara de fotos es aún más lenta que yo, pues justo, justo.
Siento no saber insertar imágenes en los comentarios; de lo contrario te la enseñaría.
Gracias por comentar.

Robín dijo...


Sorry, Matilde, i did not want to hurt you. Go on travelling far.

Les voyages , sans doute, forment la jeunesse.

Pour l’enfant, amoureux de cartes et d’estampes,
L’univers est égal à son vaste appétit.
Ah ! que le monde est grand à la clarté des lampes !
Aux yeux du souvenir que le monde est petit !

Robín dijo...

Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage,
Ou comme cestuy-là qui conquit la toison,
Et puis est retourné, plein d'usage et raison,
Vivre entre ses parents le reste de son âge !

LGTorrens dijo...

Por dios Mati, un día te veo subiendo La Rasa en la Vizcaya profunda y al día siguiente trepando por los United States... lo tuyo es un sin vivir, y lo mio envidia... de la buena, eh!!! Empezaba a echar de menos tus correrías por este blog, pero veo que sigues muy activa. Por favor, si quieres que seamos siendo amigos no pongas la foto de la culebra.
Un abrazo.

matilde sanz rebato dijo...

Jajaja. Menudo susto nos llevamos, Lucio. No era una culebra de esas que vemos por nuestros montes. Tenía un tamaño considerable.
Me alegra ver que sigues entrando al blog y pendiente de nuestras andanzas. Por favor, no dejes de hacerlo nunca para no vernos privadas de tus jugosos comentarios.

Robín dijo...

El poema del francés Du Bellay es muy anterior al de Kavafis sobre Ítaca y en mi opinión por ello mejor y con más ternura que el segundo, lo cual, para el caso de Ulises, es importante. Sin embargo, como lo musico un tal Llach por nuestra zona de influencia, nadie por aquí conoce al primero.