martes, 13 de enero de 2015

Ir a por gafas y volver con perro - Mati Sanz Rebato


En Pozo Lagos, marcando territorio...

Quien no tiene cabeza tiene que tener piernas. Es la segunda vez que dejo unas gafas en el monte. Me di cuenta el mismo día, antes de terminar la salida. Volví sobre mis pasos hasta el último punto donde podía haberlas soltado sin darme cuenta: salto de alambrada y malabarismos varios. Era probable que allí estuvieran. Pero no, no hubo suerte y me dio pereza desandar el camino que suponía alcanzar el otro probable punto de pérdida: vadeo de un arroyo y limpieza de zapatillas; puesta en cuclillas y adiós gafas, consecuencia de llevarlas colgando de la camiseta. Así que ya tenía planes para una próxima escapadita. Esta vez me acerco con el coche hasta el barrio de La Viña, en vez de subir desde Artziniega a pie por el GR “Camino Real de la Sopeña”. Hablo de nuevo con la etxekoandre y le cuento el objeto de mi nueva visita. Me dice que le deje la llave del coche por si necesitan moverlo y yo, obediente y confiada, se las dejo. 

Ruinas en la ladera del Pico Cortinas, Barrio de la Viña

Empiezo mi búsqueda. Voy derechita hasta el arroyo, con más bien poca confianza en encontrarme con mi tesoro. Hoy no baja ni una gota de agua y las huellas que las vacas dejan en el barro me hacen temer un enterramiento de gafas. Pues bueno; no veo nada. Sigo subiendo y alcanzo la alambrada objeto de revista en la anterior ocasión. Como ya sé que de allí en adelante no voy a encontrar mis glamurosas gafas de print animal (estampado de leopardo para los que no saben de “tendencias”), empiezo a explorar para el otro lado. Y andando, andando, llego de nuevo a la cima de Sierra Pando. 

Cima de Sierra Pando

Pero como lo interesante no está en desandar el camino sino en liarla, comienzo a descender por la otra vertiente aprovechando que el tiempo es excelente y el día joven todavía. Después de unas cuantas peleas con la zarzaparrilla y otras especies vegetales, tengo a la vista el barrio de Lorcio. Continúo saltando alambradas y pisando todo el barro que dejan a su paso las vacas. Me decido a ir hasta la iglesia pero justo en ese momento se le ha ocurrido al aldeano sacar a rumiar al ganado a la solana. Curiosamente les doy miedo a estos bichos de varias toneladas y el hombre me pide que recule y suba un poco por la ladera para dejar pasar a los angelitos. En una de estas se asustan y se suben unas sobre las otras intentando la retirada. Oh, my God!. Temo que aplasten al pobre vaquero por mi culpa. El hombre es simpático y hablamos un poco. Le pregunto cómo volver a La Viña y me propone la aburrida pista asfaltada a Cirión y de allí a mi destino. Le comento que quiero algo más asilvestrado y menciona volver por el alto. Sí, eso es lo que yo quiero, volver por Pozo Lagos. He visto en los papeles que existe un vértice y me apetece conocerlo. 

Grande y atigrado

Y entonces aparece él, grandullón y atigrado. No sé si viene en son de paz o con peores intenciones. Me hago la simpática y le ofrezco un premio. Espera, espera, que tengo un poco de pan. Pero el tío pasa de pan; se ve que hambre no tiene. Y me da empujones con su cuerpazo que me tambalean. Bueno, si quieres me acompañas. Supongo que serás uno de esos chuchos que suben con los caminantes y luego se dan la vuelta. Tenemos que cruzar varios pasos con alambre. Yo sudando a gota gorda por abrirlos y cerrarlos y él pasando por debajo sin miedo a poner en peligro su integridad física. Llegamos al vértice. Lo marca debidamente y me creo que hasta allí llega nuestra breve andadura juntos. Me desprecia otro mendrugo de pan pero se apunta a las galletas. Hablo con él y le digo que seguro que está acostumbrado al chorizo y al queso de anteriores excursionistas. Se empeña en saltar sobre mí para demostarme su alegría y le esquivo como puedo para no verme en el suelo. Prosigo mi marcha y el cuatro patas conmigo. Espero que sepas volver a tu casa, le comento. 


Y aquí estamos, en La Viña; no del Señor sino de la señora. Me pregunta si he encontrado las gafas y le contesto que lo que me he encontrado ha sido un perro. Su familia se echa las manos a la cabeza. Pues ya le puedes meter en el coche y llevártelo hasta allí. ¡Como si fuera fácil meter un mastín en un coche para una señoritinga de ciudad! El único que toma cartas en el asunto es el más mayor de la tropa. No está por la labor de que les deje allí al “cachorrillo” de más de cincuenta kilos de peso. Increpa a uno de los jóvenes para que venga a ayudarnos pero el otro le ignora y es la urbanita la que tiene que arrimar el hombro. Casi le mutilamos el rabo al chucho al cerrar el portón del maletero pero, bueno, ya estaba arriba y no era cuestión de que se nos escapase. La vuelta hasta Artziniega y posterior subida por la carretera de puerto Angulo hasta Lorcio se me hicieron interminables. El grandullón consiguió quitar la tapa que lo separaba del interior del coche y sacó su cabezón, con su lengua rezumando babas, entre el reposacabezas y el cristal de la parte trasera. 


Yo mientras tanto le recomendaba calma cuando tenía que haber sido lo contrario; él tenía que haberme pedido a mí un poco de sosiego. Y así llegamos a Lorcio, entre un mar de saliva pero sin más contratiempos. Me bajo, le bajo, y me pongo a dar la vuelta al coche concluida mi tarea. No me sigas, por favor, no me sigas… suplico con desesperación al ver por el retrovisor cómo corría detrás de su pérfida amiga.

PS Acabo de descubrir una enorme garrapata en mi nuca. Parezco San Antonio: todos los animales me aman.



7 comentarios:

TRINI GRASES dijo...

Fabuloso y entretenido todo lo que cuentas.
¿Dónde está el perro ahora?

Anónimo dijo...

Se te echaba de menos!
Perro listo, que sabía a quién acercarse para tener una vida que le encantaría llevar!

Anónimo dijo...

Pobrecica....y el perro ...ande està ?

Robín dijo...

¿ Y no te has parado a pensar que el pobre perro se hubiera podido perder de sus dueños; de la familia anterior que lo acogía; que los estuviera buscando desesperadamente ; que si lo has llevado muchos kilómetros en coche, ya no sabrá más cómo volver ?

¿ Lo has guardado a ese bello perro, al menos; cómo le has llamado ?

Matilde hamlet dijo...

¡Vaya preocupación que nos ha causado el grandullón! Incluso alguien que vive a 10.000 km de distancia me preguntó por él y por su paradero. Pues le dejé en el mismo sitio donde nos encontramos. Lorcio es un barrio pequeñísimo, en plena montaña. Estoy segura de que nuestro amigo vive allí feliz y contento... aunque con ganas de esporádicas aventuras. Los mastines son perros de trabajo a los que prácticamente todo el mundo tiene miedo... excepto esta txoriburua que va y lo mete en su coche para asegurarse de que va a terminar en su casa y no vagando por el monte sin poder encontrarla. Estad todos tranquilos que ya volveré por allí para llevarle alguna galleta y poder disfrutar de nuevo de su alegre compañía.

RobinG dijo...

Tener miedo de estos maravillosos perros es desconocer lo que son; unos perros noblazos además de valientes, que quieren más jugar que otra cosa cundo te ladran al tener que proteger alguna propiedad privada. En el primer monte que yo subí solo; el Aguilatos, bello monte cerca de Sodupe; en mayo del año pasado -soy un neófito de ya tres veces veinte años- me salió en la bajada un mastín enorme, que a veinte centímetros sólo de mí, erguido él sobre la valla separadora que yo estaba cerrando, su boca más alta que mi cabeza; parecía que me me iba a destrozar. Pasado ese primer gran susto, porque él llegó de repente sin yo verlo previamente, me di cuenta observándolo que era un perro noble, que sólo cumplía su cometido de proteger la finca que le encargababn guardar. Una semana después, en el mismo monte, me lo encontré de nuevo, en terreno libre; en su terreno; le reñí con palabras y con convicción y terminó de protestar; dejó de perseguirme, nos hicimos amigos.

Robín dijo...

No le debes de dar a ningún perro nunca algo dulce, galleta u otra clase de dulce. Su organismo no está preparado par el azucar. Corren además el riesgo de acostumbrarse a algo -lo dulce- que su organismo no toleraría. Compra "pienso" para perros, de calidad, y ofrécele un puñado de esos "granitos", sobre la hierba misma. Queda aún el problema de darle además de beber para lo que habría que llevar algo más de agua que para sólo nosotros y un cuenco de material ligero para que él pueda beber.
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http://animales.uncomo.com/articulo/por-que-los-perros-no-pueden-comer-dulce-28535.html