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| Un extraño agujero. |
Hacía tiempo que
no coincidíamos. Demasiado para mi gusto. Prácticamente todas las actividades
comprometidas que realizo en montaña son bajo su experimentada tutela. Es más
joven que yo y también más sabio. A veces saca a paseo la mala leche, pero la paciencia siempre la
lleva puesta. Y es que cuando Ander y yo andamos cerca, la necesita.
Utilizamos el
guasap para darnos mutua envidia. ¡Mira el agujero que he descubierto!.. ¡Mira
qué cascada!.. ¡Apunta otra en la lista de “pendientes”!..
Esta vez el
objetivo era multidisciplinar. Monte centenario, cueva y escalada. Así que,
además del bocata, toca meter material necesario en la mochila y llevarlo a cuestas.
Vamos quemando etapas: primero bajamos a las profundidades de la cueva; la
colonia de murciélagos que esperábamos ver queda reducida a unos pocos
ejemplares dispersos, cada uno a su bola. Solo les faltaba el móvil para
parecerse un poco más a los humanos.