¿Cuántas veces hemos soñado en realizar tal o cuál cumbre y sólo con pensarlo nos han entrado esas preciosas mariposas en el estómago?
Todavía recuerdo la primera vez que subí al Aneto, que más que una ascensión me pareció una expedición pesada. Y tan pesada... como que fue una invernal en toda regla, montando la tienda de campaña y durmiendo con un saco del Eroski encima de la nieve. No he pasado tanto frío en mi vida!! Y encima, como novatada, nos subimos una cocinilla con bombona azul de butano, de esas que pesan la vida. En fin, que decir... que al día siguiente nos quedamos sin desayunar, ya que se nos congeló la bombona y la botella de litro y medio de leche que porteamos. Que romántico y que proeza fue hacer cumbre con unos impermeables del “Delmon” (Del montón de la plaza). Desde ese momento me pase a la moda Ultralight, leche en polvo, infiernillo ultralight, roca técnica, un saco de plumas y un buen Goretex. Pero claro, antes era estudiante con mucho tiempo y ahora currante con poco.





