jueves, 30 de enero de 2020

Las tres cruces del monte Abantos - Hamlet


Cordal del Risco Benito 

El poner un poco de orden en los papeles amontonados durante años puede tener consecuencias impredecibles. En eso estaba yo la primavera pasada cuando me encontré con dos mapas recogidos de la oficina de turismo de San Lorenzo del Escorial en el año 2005. Como era una primera edición, de un número reducido de ejemplares, interpreté el inesperado encuentro como una señal; una señal de que debía ir a subir aquellos montes. Así que me pasé el resto del año con la idea de acercarme al lugar rondándome en mi cabeza, pero sin encontrar el momento de llevarla a cabo. Hasta que hace un par de semanas, ante la bondad climatológica y la falta de nieve en el lugar, aprovechamos que a la Reineta le quedaban por coger unos días de vacaciones —y que no se cuestiona mucho las locuras de su madre— para ponernos al volante. Todo fuera por librarme de los fantasmas del pasado. 

El día del viaje se lo dedicamos a las protagonistas de uno de los mapas, Las Machotas, y el día siguiente le tocó el turno al Monte Abantos. Papel en mano y con la información añadida de un track rebuscado en internet, comenzamos la subida desde el embalse del Romeral.




Caseta de vigilancia en el Risco Benito 

Fuimos quemando los hitos que figuraban en el mapa. Primero visitamos el Risco Benito y su caseta de vigilancia de incendios, llamada la casita del telégrafo porque sirvió para comunicarse por el sistema de señales. Luego alcanzamos la gran cruz metálica pintada de blanco que hay a pocos pasos de la cumbre de Abantos, el vértice geodésico y el punto conocido como el mirador del Valle de los Caídos; en realidad, se trata de unas rocas, es decir, de un mirador natural. Bajamos por el cordal, camino de donde se juntan las provincias de Madrid y Ávila, para cotear el Alto de San Juan, también con vértice geodésico y seguir luego en descenso hasta el refugio de la Naranjera (en estado ruinoso). 


Cruz en la cima del Monte Abantos 


Desde la zona de San Juan se puede ver la Cruz del Valle de Los Caídos 

Cambiamos allí de dirección para terminar de perder metros con la llegada al área recreativa de la fuente de Las Negras y comenzar el regreso. Cuesta arriba ahora, por la carretera de montaña hasta el puerto de Malagón, pasando previamente de nuevo por la muga entre provincias. Esta carretera únicamente parece frecuentada por los amantes de la bici; a los montañeros el piso y las anchas pistas se nos hacen muy tediosas, pero tampoco parece haber más alternativas. Es en el puerto donde empieza el verdadero descenso al punto de partida. Pero antes de llegar a ese punto, dejamos la desvencijada carretera de montaña para desviarnos y alcanzar la cruz de Rubens. Desde ese punto, el Risco de Enmedio, se disfruta de unas magníficas vistas sobre San Lorenzo y su famosísimo monasterio. 


El desvencijado refugio de La Naranjera 


En la parte madrileña de la muga entre Ávila y Madrid 


Cruz de Enmedio, también llamada del Despeñadero o del Riscal de Cabras. 
Las Machotas se perfilan en el horizonte 

Emprendimos el camino de regreso con la tranquilidad que da el tener todos los deberes hechos y, como solo habíamos picoteado algo durante la marcha, elegimos el que fuera Hotel Felipe II para comer lo que estuvimos llevando todo el día a cuestas. A sabiendas de que en su época de esplendor las habitaciones de este hotel habían contado con la presencia del mismísimo Frank Sinatra, nos arriesgamos a traspasar una valla de seguridad para acceder a su gran terraza. Nos pudimos imaginar fácilmente a La Voz, sentado al piano del salón del hotel, con el teléfono descolgado para que le oyese Ava Gadner y a ésta acudiendo al reclamo haciendo una entrada triunfal para sorpresa de todos, recién llegada de Madrid en un taxi.


El monasterio de El Escorial, el embalse del Romeral y el antiguo hotel Felipe II (edificio en forma de "L") 


Antiguo Hotel Felipe II 

Pero… , como siempre en toda historia tiene que haber un pero, fue de vuelta en Bilbao cuando me di cuenta de que los deberes hechos no daban para un sobresaliente. Tendré que volver de nuevo al Abantos. Y es que, según pude saber gracias al comentario de un nativo y vecino de El Escorial, dejado al autor de un track efectuado por la zona, la segunda cruz en la que estuvimos, la del Risco de Enmedio, es precisamente una de las tres cruces que mandó levantar Felipe II a su vuelta de Portugal después de haberse hecho con su corona. Pero no se trata de la cruz de Rubens. Es un error de localización debido probablemente al hecho de que desde este risco las vistas al monasterio son extraordinarias. De ahí que se crea que el pintor flamenco tomase apuntes desde este lugar para una de sus obras en la que aparece la propia cruz, el monasterio y hasta un local a lomos de un borrico. 

Y es que al entrar el rey Felipe II por el puerto de Malagón vio desde allí por primera vez terminada su obra predilecta y ordenó erigir tres cruces: una en el Risco de Enmedio, otra en lo alto del monte Abantos y una tercera en el propio puerto. Y fue esta última la elegida por el pintor para esbozar desde allí su cuadro. Solo que, en la actualidad, las vistas desde la cruz del puerto de Malagón son prácticamente nulas debido a la repoblación con pinos; hubo incluso colocada junto a esta cruz una placa, a día de hoy desaparecida, dando cuenta del hecho. Aquellas cruces, hechas originariamente en madera, fueron sustituidas por las actuales de metal pintadas de blanco gracias a un grupo de vecinos de El Escorial. Corría el año 1968 tal y como lo atestigua la fecha grabada en ellas.


Años grabados en los brazos de las cruces 

Así pues, y en mi caso al menos, el Monasterio de El Escorial vuelve a ser la obra interminable. Lo cual, dicho sea de paso, me satisface enormemente ya que tengo una buena disculpa para volver por los lares del rey Felipe II.

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